8 abril 2021

Escucharnos un poquito.

Esto de la pandemia nos obliga a pensar. A que elijamos cada vez más a quien vemos. A que sepamos con claridad con quien no queremos cruzarnos. Hacía mucho tiempo que no repasaba mi agenda de teléfonos pensando en hacer hueco. Y mucho más que no quedaba a desayunar a menos que, después, tuviera que trabajar…  ¿Recuerdan cuando desayunaban con sus amantes, después de un polvo glorioso? 

Siempre fui de las que se ahorró desayunar con sus amantes. Intenté no acostarme con quien no lo merecía. Y tengo más triunfos que fracasos en materia de cordura amatoria. Yo me lo he pasado muy bien con quien haya estado. Pero desayunar… Desayunar implica comenzar el día. 

Juanjo es un hombre que nos escucha por la mañana. Que dice que le gusta untar las tostadas mientras yo describo cómo me desnudan. Me había acostumbrado a que me escucharan de noche, metidos en la cama. Me lo han contado muchas veces… Por la noche es más fácil imaginarme. Pero no sé cómo se me piensa con el sabor amargo del café, cuando aún no te has lavado los dientes y, de repente, soy capaz de que me imagines, mirándote, mientras te hablo. 

Creo que uno de los piropos más bonitos que me han dicho es que ojalá desayunar conmigo y comprobar, si de verdad levanto la ceja, clavo la mirada y tuerzo un poco la boca al hablar. Porque Juanjo no me ha visto en directo en la vida. Y ha sido capaz de describirme perfectamente, a fuerza de escucharme. 

A ver si lo único que tenemos que hacer es escucharnos un poquito…

Para que fuera todo más fácil y bastara con que pidiera para que me lo hicieran. 

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