27 noviembre 2020

El mundo por montera

Dice Marisa que las bolleras se enamoran deprisa. Que no lo pueden evitar. Que en cuanto conocen a una mujer con la que se imaginan un poco más de lo normal, pierden la cabeza por ella. Dice MArisa que siendo lesbiana no es fácil pedir salir a la chica que te gusta. Que te mueres de la vergüena y, excepto cuando es evidente, la mitad de las veces dejas que se escape porque ni siquiera te acercaste. Dice Marisa que ella quiere ser madre, aunque la sociedad aún tuerza el gesto cuando sean dos mujeres las que crían a la criatura. Dice MArisa que esta no se escapa, que la quiere mucho más de lo que parece, que pretende hacerlo todo por ella y con ella. 

Y yo solo quiero que Marisa lo haga..

Que siga todos los pasos que tanto imaginó.  Irse con su novia a Roma a comer pizza bianca de rúcula con bresaola, a no dormir ninguna noche sin recorrerse muturamente toda la piel. Besarse en las esquinas, amarse en los rincones. Pasear su amor en vespa sintiéndose, ambas, la protagonista de la película. 

Y las vamos a dejar, ¿a qué sí? Vamos a dejar a Marisa y a su chica que se quieran, para que puedan ponerse el mundo por montera. 

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