5 octubre 2020

Las reglas del juego

Con esto del coronavirus hizo todo lo que se debe hacer respecto a las medidas sanitarias. La incorporación a la vida más o menos normal dejó en el aire propuestas que languidecieron definitivamente con el confinamiento. A los que no vio antes de la hecatombe, decidió no conocerlos cuando se pudo. Sabía que, si le gustaban, lo pasaría peor. A los que no podía tirarse, por no vivir con ellos, los vio con cuentagotas. 

Si no se puede tener sexo con perfectos desconocidos ya no es tan divertido. 

No pudo resistirse a los mensajes, a ligar por las redes, a matarse a pajas siguiendo las directrices de alguno, al que ni siquiera conocía. No pudo reprimir las ganas de tontear, conocer, ligar y triunfar. Conformándose, al principio, con que solo fuera eso y nada hiciera tambalear su supuesta estabilidad. 

Podría pasar, y pasó, que conociera a alguien que no tuviera ninguna prisa. Que le diera lo mismo donde estuviera ella, con tal de encontrarla cuando fuera. Que mandara los mensajes lo suficientemente espaciados como para que notara su ausencia, pero jamás se incomodara con su presencia. 

Acortando las distancias que pudieran separarlos, sabiendo que, por ahora, es el que está más cerca. 

Qué lejos se quedan los que no te acompañan, aunque estén al lado. Qué cerca están los que te escuchan, aunque la distancia se mida en kilómetros. Qué fácil resulta cambiar toda una vida cuando te empeñas. Pero estas son las reglas del juego.

Fotografía: Julián Jaén @elpatillas68

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