17 julio 2020

No todos somos tan valientes de tentar a la suerte

Fueron tres minutos en mitad de la plaza. «Qué sorpresa!» Te encuentras a quien menos te lo esperas. Ella rodeada de todas sus amigas, él acompañando a la recua mayor de su oficina. Sin tiempo para contarse la nada, pero con ganas de situarse el uno en la vida del otro.

Repaso familiar por todos sus integrantes. Paseo de puntillas por los dramas provocados por la pandemia. Querrían haber hablado más el uno del otro, pero con los años se acumulan responsabilidades que te alejan de tus propósitos. Hablas de quien no quieres por ocupar un espacio en el que no hagan falta las frases que necesitas: «Da muchos recuerdos a todos», «¡Y tú!»

Se despidieron con un abrazo. Apretándose muy fuerte pero mirando cada uno a un infinito diferente. Le dio tiempo a susurrarle un piropo dulce cuando la abrazó, uno que haría que se pensaran, al que darían vueltas durante días por lo que significaba. «Llámame algún día», pidió él, «¡Descuida!» aseguró ella. Pero cuando se alejaron el uno del otro supieron que no lo harían, que no se llamarían.

Ninguno reconoció lo que quería contar. Ninguno animó a que pudiera suceder. Ambos callaron y con esa pena se quedaron, alimentando la duda de lo que pudiera suceder el día que se lo contaran.

No todos somos tan valientes de tentar a la suerte.

Foto: Lisa Fotios.

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