5 junio 2020

Que no me entere yo que ese culito pasa hambre

Lo peor que llevo en este confinamiento es estar todo el rato pegada al mismo tipo. Que sí. Que está muy bien. Menos mal que nos pilló esta juntos, cariño. Pero qué ganitas tengo de volver a tener mi noche libre. Y salir de trabajar, espídica perdida después de hablar durante horas de cómo es mejor follar. E irme a tomar algo. Sola. Ordenar las piezas del inmenso puzle de mi vida. Y esa noche disfruto del exquisito placer que supone dejar que me encuentren. O que no.

Pasamos de fase y no podemos restregarnos con desconocidos, que es justo lo que más me apetece. Desde que me he enterado de que solo se podrá pescar cachalotes en la red, que no con ella, hiperventilo. ¿Me imaginan describiendo cómo la chupo?

Ordenen a sus amantes porque esto va para largo. Expriman al máximo la información que pueda reportarles la pandemia. Esto ha sacado lo mejor de nosotros, cuando le hacemos la compra a los vecinos vecinos del tercero. Y ha puesto encima de la mesa quiénes son los miserables. El 2020 pasará a la historia como año bisiesto, el de la pandemia que resquebrajó todos los esquemas… Así que… que los que empiecen a formar parte de nuestra vida, que se lo ganen. Que nos demuestren que nos tienen ley. Que nos quieren.

No pasamos una hecatombe para que viniera cualquiera a ocupar nuestra vida.

Fotografía: Julián Jaén

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