29 mayo 2020

La guerra sucia de la incertidumbre

Cuando hablo de mujeres trans, siempre, antes, les pregunto a ellas. Cuando hablo de homosexuales, siempre, primero, hablo con ellos. SI son lesbianas, las escucho. Normalmente, simplemente, con ese gesto, ya tengo mucho avanzado. De los hombres trans aprendo a no fetichizarlos. De las personas no binarias, a que me expliquen. Las personas intersexuales me fascinan por descubrir, a su lado todas las posibilidades que tiene el ser humano de manifestarse. Con las asexuales, yo, “la del sexo” he compartido idénticos deseos. 

Elegí qué era de lo que más quería aprender. En qué tema estaba dispuesta a partirme la cara. Por qué quería ser activista y luchar. No me ha salido gratis; pero tengo la cordura de escuchar a los que más saben.Y, entonces, a veces, no les hago ni caso. He cometido muchos errores, pero el más grave, ha sido no creer en mí. 

Tendremos que reconstruirnos. Y, para eso, será necesario preguntarse esas preguntas incómodas que no nos atrevemos a hacer(nos). Rehacer tu vida no será fácil, seas quien seas. Porque no tendrás los cimientos para agarrarte cuando te arrastren. 

Iniciamos la desescalada. Empezamos a movernos. Y, del mismo modo que para aprender tanto de sexo escucho y pregunto, para iniciar esta descomprensión personal, profesional, social y hasta sexual necesito que me ayuden. Solo haré caso a los que más saben. Científicos, sexólogos, psicólogos y profesionales. 

La guerra sucia de la incertidumbre, que la hagan otros. 

Fotografía: Julián Jaén

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