15 mayo 2020

«Despacito y buena letra»

Aprender es el verbo de la pandemia. Lo conjugamos continuamente. Nos pilló tan desprevenidos como para que tengamos que poner especial atención a cuanto nos digan. A día de hoy y con los datos en la mano, no deberíamos tener el más mínimo contacto con alquien con quien no estemos confinados. Ni besar. Ni abrazar. Y mucho menos follar.

Esperamos una vacuna para antes de un año. Lo cual, haría que pudiéramos inmunizarnos . ¿Tendremos tiempo para aprender a relacionarnos? ¿Sabremos ligar a partir de ahora? ¿Dónde quedarán esos amantes que, inesperadamente, aparecían en nuestra vida.

«Despacito y buena letra» es una de las frases que más escuché en mi infancia. Con ella quisieron inculcarme que jamás me precipitara. Que pensara. Que supiera antes de hablar. Evidentemente, no lo pongo en práctica siempre. Para eso soy elemento de distorsión. Pero estoy segura de que mi madre jamás imaginó que sería capaz de clavármela a fuego por culpa de una hecatombe que evitó que me acostara con cualquiera…

Fotografía: Julián Jaén

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