17 abril 2020

No podremos llamarlo verano

¿Cómo será nuestra vida amorosa cuando todo esto pase? Todo apunta a que, como poco, será jodida. Se supone que no deberíamos besuquearnos tanto. Tampoco deberíamos acercarnos más de lo estrictamente necesario. Hay quien hace especial hincapié en que no nos demos, ni siquiera, la mano.

Los mamíferos tenemos que tocarnos. Somos los únicos animales que necesitamos del roce (y del cariño) para sobrevivir. Si no, enloquecemos. El aislamiento supone un castigo y, como tal, se ejecuta.

Aunque quizás, quién sabe, empecemos a aprovechar cada una de nuestras oportunidades. Y a practicar otros protocolos: Decirnos mucho más que nos queremos y cuánto nos necesitamos. Intentar querernos sin tocarnos tanto.

Esa es la pena y el dolor. No estamos entrenados para un verano sin besos a hurtadillas cuando vayamos al baile. No sabemos de puesta de sol en la playa que no terminen metiéndote mano. No entendemos que se pueda hacer hogueras de noche sin que las ascuas caldeen a los que la rodean.

No sé cómo vamos a referirnos a los meses de calor. La etimología de nuestra entrepierna es mucho más cruel que las directivas de cualquier gobierno. Este año, sin besos y sin tanto sexo, ni siquiera podremos llamarlo «verano».

Fotografía: Julián Jaén.

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