28 febrero 2020

Ni los ídolos nos pueden

Cuando eres joven y empiezas en lo que sea, todos con los que te relacionas tienen más poder que tú. Da igual a lo que te dediques. Pensemos, por ejemplo, que eres maestra y, seguro, habrá un director en tu colegio, un jefe de estudios o un inspector con el que te intentarás cruzarte lo justo. Estarás harta de sus bromas. De que repita, cada vez que te cruzas, lo guapa que estás. La mayoría de nosotras hemos sentido la respiración de un hombre en la nuca. La pena es que no todas las veces fuera por que nos estaban follando rico. A veces era el resoplido de quien nos ronda. 

No hablo ni siquiera de los que dan el paso de meterte mano, o incluso violarte, lo cual, cada vez más, provoca una denuncia inmediata y la consiguiente escandalera. Hablo del que planta la polla encima de la mesa, sin bajarse siquiera los pantalones, para que te quede bien claro de que, como se empeñe, se la vas a tener que chupar. 

Y a ti te queda ese miedo. El pánico de que un día lo hará. 

Harvey Weinstein es culpable de los delitos de violación, delito sexual y abuso de poder. El #MeToo no fue una ida de olla de unas histéricas con ganas de hacerse famosas. Y, para los que dijeron que era imposible, que sepan que la mejor voz lírica española de todos los tiempos, Plácido Domingo, efectivamente, fue de los que se comportaron como machos en una berrea.

Señoras que me leen sepan que ya no luchamos solas. Ya no tenemos que ser tan valientes como para aguantar a estos caballeros que se nos restriegan por los pasillos o que hacen como que pueden. Esto del feminismo no es una moda; es una lucha. Y fíjense si somos fuertes que ni los ídolos nos pueden. 

Fotografía: Julián Jaén

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