21 febrero 2020

Pocas cosas tan poderosas…

Pocas cosas más poderosas que ser la persona en la que piensan cuando quieren disfrutar mucho. Da igual el formato. Todos son válidos. Que te piensen mientras se masturban en la intimidad de su cuarto, cuando se echa de menos el contacto de otra piel. Que te imaginen cuando se dejan llevar por el placer que les provocan otras. O cuando disfrutan tanto que llegan a olvidar quién fue y eligen quién querrían que fuera.

Pocas cosas más poderosas que ser la persona que maneja, sin estar, las manos de los que convierten en carne su propio deseo. Aventurándote a que puedan desnudarte de nuevo cada vez que aparezcas por su móvil, aunque jamás te han visto desnuda. Besándote cada vez que escuchan tu nombre. Follándote cada vez que escuchan tu voz.

Pocas cosas más poderosas que asaltar la memoria de los que estuvieron y horadar en los que querrían estar. Que aquel recuerde que la chupas metiéndotela entera en la boca, desde debajo de los huevos hasta la punta. Que la otra eche de menos que rebañas con la lengua, buscándo los tres pies de gata que tienen todas tus amantes. Que unos y otras corroboren que cuando estás, te haces notar.

Pocas cosas más poderosas que dormir a solas y no echar de menos unas únicas manos porque todas abrazan, hasta las tuyas. Y ser capaz de recordarlas, emularlas y tenerlas cuando se elige, no cuando esperen que las necesites.

Fotografía: Julián Jaén

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